Dios y yo. Y el miedo.

Ahora que lo pienso, Dios sí me ha ayudado y dado lo que le he pedido con más fuerza. Cuando lloré porque pensaba que era un bruto -un bruto en serio en serio- y no conseguiría un cupo en la ESPOL, cuando lloré y le rogué que mi nuevo hermanito no salga gay para que no sufra lo que yo estaba (y sigo) sufriendo, cuando lloré y le pedí que mi papá sobreviviera su accidente. Todas esas veces Dios me escuchó.

Llegué a entrar a la famosa ESPOL (aunque luego me retirara, pero eso es otro cuento). Mi hermano no salió gay. Y mi papá sobrevivió su accidente a pesar de que todo indicaba lo contrario. He llorado muchísimas veces y le he pedido muchas cosas a Dios que en realidad eran banales, pero las que de veras importaban, la vida de mi papá, la “normalidad” de mi hermano… esas sí se cumplieron. Parece que mis plegarias más fuertes sí fueron escuchadas.

Lo que me asusta es que parece que también Dios está haciendo cumplir esas promesas que yo hice cuando nació mi hermano y cuando mi papá tuvo su accidente. En ambas situaciones, yo estaba tan desesperado que le dije que si me ayudaba, a mí no me importaría sufrir mi homosexualidad toda la vida y quedarme solo para siempre. Eso parece que sí se está cumpliendo. Cada día me reafirma que me quedaré solo por toda la eternidad. Bueno, solo hasta que me muera, jeje, porque luego de muerto ya no existiré y no tendría lógica el concepto de soledad para algo que no existe.

Estas cosas me han hecho recordar que no debo suicidarme. En estas últimas semanas me han vuelto esos pensamientos que no tenía hace tiempo, y varias veces he considerado quitarme la vida como la mejor opción para terminar con mi sufrimiento. Pero sé que no debo hacerlo porque mi deber es cumplir con mi promesa. Dios cumplió conmigo, y yo debo cumplir con lo que ofrecí: vivir esta vida aunque me duela.

También, en el mismo tema de Dios, me saltó la duda de siempre. Si yo he tenido tanta suerte de que Dios me ayudara con las cosas que de veras importan… ¿por qué otras personas no tienen esa suerte? ¿por qué Dios permite el sufrimiento y muerte de tantos inocentes en el Medio Oriente, África y el mundo entero en general? La típica respuesta de que “Dios tiene propósitos y formas de trabajar que nosotros no entendemos” no me satisface. Mis tías siempre se la pasan diciendo que Dios nos cuida, que Dios nos protege, que somos muy afortunados. Y cada vez que pasa algo malo, pero que no pasa a mayores (como por ejemplo, el hecho de que me asaltaran pero no me hicieran daño), dicen que Dios estuvo ahí para cuidarme.

Me da mucho miedo porque la lógica indica que es simplemente suerte. Yo he tenido muchísima suerte. Y eso me da más miedo porque significaría que nunca hubo un Dios que escuchara mis plegarias y que en cualquier momento lo podré perder todo (o sea, mis seres queridos). No sé qué pensar. Tengo miedo de que mis dudas hagan que Dios me quite a alguien amado solo para probarme… o como represalia por no tener fe. No creo que soportaría perder a un miembro de mi familia cercana. No lo creo.

Ahora se me vino a la cabeza la frase de Yoda: “let go of everything you fear to lose”. Attachment leads to fear. Fear leads to anger. Anger leads to suffering. Sé que debo aceptar la vida tal cual es, amar sin apegos, seguir adelante si alguien ya no está, no desmoronarme si pierdo a un ser querido. Pero es difícil. Yo quiero que mi mami, mi papi, y mis tías mueran de viejitos, muy viejitos. No ahora. Y lo mismo para mis hermanas y hermano. Que mueran de muy viejitos. De los cuatro, yo debo ser quien muera primero. No soportaría que alguno de ellos muera antes que yo. Uff… ya divagué y estoy hablando de la muerte de familiares.

Bueno, otro día sigo con mis tonterías.

 

 

La frase del día

“Cuando juegas a que te extrañen, te arriesgas a que te olviden”. 

La acabo de oír en la radio e inmediatamente pensé en él. ¿Estamos jugando a eso? Noooo, qué va. El único que juega aquí soy yo. El único que sufre y extraña al otro soy yo. A él yo le importo un pepino. 

Pero siempre me quedaré con la duda. Ay Dios ayúdame a superar esto.='(

Fuerzas por favor

Quiero llamarlo, pedirle un abrazo, conversar a solas con él… pero no debo. Tengo que ser fuerte. Este sábado ya serán dos meses desde la última vez que estuvimos juntos y no puedo echar por la borda todo lo que he luchado para no escribirle.

Cuento viejo y cuento nuevo (pero repetido)

Christian vino el 9 de septiembre, tomamos dos botellas de vino juntos y jugamos yenga. Fue bonito, pero desastroso al mismo tiempo para mí. Él lo planeó todo, por suerte. A pesar del “desastre”, igual me sentí feliz y hasta publiqué una foto en Instagram al día siguiente. Como era de esperarse, la alegría no me duró mucho y me prometí (por enésima vez) que yo no lo llamaría.

Claaaaaro, ya se lo imaginan. Lo volví a llamar. El 12 de octubre, a petición mía, vino a mi casa. Claro, él siempre muy ocupado, dijo que vendría solo por un ratito. Y así fue. Hizo lo suyo y se marchó. Conversamos un poco más de lo común, pero igual se fue.

Como siempre, ya me estoy planteando mi soledad eterna. Por favor, Dios, ilumíname o elimíname.

Christian vino anoche…

Y ya conocen la historia. Se repitieron los sucesos de nuestros dos últimos encuentros. Solo quiere sexo y luego se quiere ir. La única novedad es que me vio muy mareado. Qué vergüenza me dio. Lo rescatable es que fue por su propia voluntad e iniciativa. Yo no se lo pedí. Bueno, quizás cuenta como el abrazo que le pedí el 10 de agosto y no me dio.

Qué debilidad

Anoche me abrumó la soledad y fui débil una vez más. Terminé escribiéndole, pidiéndole un abrazo, pero él me devolvió a la realidad. 

Luego mi tía me recordó que soy un perdedor económicamente hablando. Claro, no fueron esas sus palabras, pero al final de cuentas eso significó.

Esos “eventos” (soledad y sentimiento de ser un fracasado) me mataron. Lloré mucho. Muchísimo. 

Ah, y otra vez se me dañaron mis audífonos. Yo sí que tengo suerte. 

Pésimo día.

Estuve con él… pero nada ha cambiado.

Christian vino a mi casa anoche. Como era de esperarse, el que dio el primer paso (escribir) fui yo, pero él vino por su propia iniciativa y sin expresa invitación mía. Al igual que la última vez (17 de mayo), él terminó adolorido y ninguno de los dos acabó. Es tan frustrante. Ya siento que es culpa mía en serio.

Como sea, su presencia anoche no cambia lo que escribí hace dos días. Su comportamiento hacia mí sigue igual y no demuestra quererme más que para tener relaciones un par de veces al año. No lo culpo, sé que no soy su tipo -no soy el tipo de nadie, en realidad- y sé que no es mala persona. No quiere hacerme daño y no es deshonesto ni me crea falsas expectativas.

Trabajaré en seguir con mi vida y planearla solo. Feliz, pero solo. Tengo mucho en que trabajar. Mi autoestima es prácticamente nula. No tengo amor propio. También está el plano laboral. El económico. El familiar. El social. Y el del sueño de viajar. Y casi olvido el de la salud y la estética -estoy cansado de dar pena con mi cuerpo flaco. Por cierto, anoche Christian dijo que si se enferma mucho, terminaría hasta “más flaco” que yo. O sea…. ¡me usó de ejemplo de delgadez extrema! Me puse muy triste cuando dijo eso.

Anyway (ya empecé a divagar), debo usar estas “vacaciones” para planear qué hacer el resto de mi vida. No puedo ni voy a quedarme así, sin hacer nada. Como leí en algún lado: tengo que moverme, aunque me equivoque, por lo menos no me quedaré quieto. Ya perdí demasiado tiempo. El Franklin de 16 años que tenía tantos sueños y expectativas estaría decepcionado del Franklin de 32 años. Pero no quiero que lo esté del Franklin de 50, 60 o 70 años. Y no quiero que antes de morir sienta que desperdicié mi vida. Quiero estar feliz de haber vivido y sentirme orgulloso de mí mismo. De que hice y di lo mejor que pude. No quiero arrepentirme de nada más ya.

Mmm.. creo que aunque el título de esta publicación incluye la frase “nada ha cambiado”, en realidad espero que las cosas sí cambien. No entre Christian y yo. Sino entre yo y yo. Ojalá sea así.