Caí

Ayer, 24 de noviembre de 2015, Christian vino a mi casa otra vez. Ya no recuerdo cuando fue la última, quizás entre agosto y septiembre, pero para mí ha sido una eternidad. No se lo pedí yo. Fue él quien me siguió a la salida del trabajo y dio entender que quería ir a mi casa tratando de que le confirme el bus correcto. Le advertí que mi casa estaba sucia y desordenada, pero no le importó.

Debí haberle dicho que prefería que conversemos en un lugar público puesto que “solo somos amigos” y que me haría daño caer en la tentación de abrazarlo. Pero no lo hice. Fui débil porque en el fondo sabía que era mi oportunidad de sentir un abrazo (suyo) otra vez y no quería desaprovecharla.

Christian usó la excusa de que quería contarme cómo le iba con sus exámenes para saber si tenía VIH. Dijo que mañana (hoy) tenía el segundo examen y me dio a entender que estaba nervioso. Le ofrecí acompañarlo, pero -al igual que la vez pasada- dijo que no. Me contó que ahora cada vez que medio le da una gripe, se asusta y piensa que es síntoma de SIDA. Y también me dijo que hace poco le diagnosticaron una arteria bloqueada o algo así y que por eso ahora debe tener una dieta super estricta y no puede comer muchas de las cosas que le gustaban. Pobrecito. No imagino cómo debe sentirse, los nervios, el miedo a un resultado no satisfactorio. Quisiera serle de más apoyo pero creo que le estorbaría más.

Después de tocar el tema de sus exámenes, la conversación camino a mi casa fue como siempre, él teniendo muchas cosas interesantes que contar de su vida, y yo nada. Ya estoy acostumbrado. Sin embargo, me dolió que al preguntarle si había hecho algo interesante últimamente, no me dijera que se fue a Chicago de vacaciones. Estaba esperando que me cuente de eso, pero no lo hizo.

Al llegar a mi casa, seguimos con la conversación forzada -más que todo por mí- hasta que llegó el punto en que Christian se cansó de esa farsa y literalmente se me tiró encima y me abrazó. ¡Por fin! pensé yo. Luego pasó lo que tenía que pasar: “sexo con ropa”, besos secos por fuera y sin lengua. Fue rico, pero desesperante al mismo tiempo. Estoy impaciente por que le confirmen que no tiene nada para poder disfrutarlo por completo y sin miedos. (¡Ja, sí claro, yo suponiendo que él quiere seguir con esto indefinidamente)

Luego de toda la “acción”, me aguanté las ganas de preguntarle cuál era nuestra situación actual -porque oficialmente seguíamos siendo solo amigos. Pero no quería que él se asustara más. Aparte era obvio y yo no quería que él dijera lo que ya yo suponía: que solo somos “sex-friends” y que él no me ve más que como una oportunidad de tener relaciones cuando no tiene más opción.

Al final, solo sé que todo sigue igual y que no debo esperar nada de él. Eventualmente él se irá de Children y del país. Y yo debería hacer lo mismo por mi propio bien. Eso sí, quiero saber que él estará bien. Me sigue importando mucho y quiero que logre ser feliz.