La última vez del 2015

El viernes pasado, 4 de diciembre, Christian vino de nuevo a mi casa. Esta vez, a petición expresa mía. Y como es de costumbre cuando soy yo el que demuestra interés en verlo, él demostró un quemeimportismo total. No solo eso, mostró una total falta de consideración (y podría decir hasta de respeto) hacia mí. Habíamos quedado en que lo esperaría en la tiendita de abajo para irnos juntos. Lo esperé más de 20 minutos y al ver que no venía, le escribí preguntando si demoraba. Me respondió que le habían dado un aventón hasta el Hilton y que tenía que ir al Mall y que me esperaba en el Megamaxi.

O sea, cambió de planes y -aparentemente- no le importó que yo estuviera esperándolo. Ni siquiera se tomó la molestia de avisarme. Esperó a que YO le preguntara si demoraba para decirme que estaba en otro lado. Yo estaba histérico por dentro. Me dolió tanto que me hiciera eso. Y estuve a punto de reclamarle, pero me las aguanté. Si algo me ha enseñado la vida es que no debo dejarme llevar por el enojo momentáneo, porque uno puede terminar diciendo cosas de las que nos arrepentimos más tarde.

Decidí decirle simplemente que vaya directamente a mi casa, que lo esperaría allá. Al vernos, le pregunté que qué tenía que hacer en el Mall. Dijo que tenía que hacer coser un pantalón del uniforme. Luego le dije que estuve esperándolo en la tiendita de abajo, como habíamos quedado. Respondió que al bajar en el carro por ahí, “no me había visto”. Y cuando le dije que debió haberme avisado porque estuve esperándolo 20 minutos, solo dijo frescamente “es que sí salí bastante tarde”. Ni un “perdón”, “disculpas”, o “lo siento”. Nada. Yo estaba furioso por dentro. Traté de buscar mil explicaciones a su comportamiento -quizás a él se le olvidó que lo esperaría ahí, quizás lo del pantalón fue algo de último minuto y no pudo avisarme hasta que llegó al Mall, o quizás simplemente yo estaba exagerando todo (lo cual, conociéndome, siempre es una posibilidad).

Al final preferí dejar pasar el asunto para no dañar la noche. Sabía que era probablemente la última noche del año (y de mi vida) en que disfrutaría la compañía de Christian, y no quería que nos peleáramos por algo así. Aparte había un asunto más serio e importante que tratar: su salud. Me mostró sus exámenes y efectivamente no tenía VIH. Con respecto al VPH, dijo que no había exámenes de sangre para hombres y que se lo detectaron más bien por síntomas físicos. Lo busqué por internet, y era verdad. Le pregunté cómo se sentía y me dijo que mejor que antes, pero que igual debe esperar hasta mayo del 2016 para descartar completamente la posibilidad de VIH y recién ahí podrá respirar tranquilo.

Lo llevé a mi cuarto, nos abrazamos, y empezamos a hablar de cómo serán sus relaciones ahora. Le dije que, en caso de salir positivo en VIH, no debía aislarse ni negarse la posibilidad de tener algo con alguien. Él, como era natural, estaba reacio a eso y dijo que le preocupaba mucho contagiar a alguien, y que estaba considerando la posibilidad de quedarse solo para siempre. Es comprensible su pensar, aunque en realidad él ya tenía ese tipo de pensamientos mucho antes de saber que podría tener una enfermedad. Al igual que yo, su sexualidad y la situación de su vida en general le ha hecho pensar muchas veces que terminará solo en la vida.

Traté de hacerle entender que eso no es el fin del mundo y que debe darse la oportunidad de querer y dejarse querer. Me preguntó que qué haría en su posición, si fuese yo el infectado. Le fui sincero y le dije que si hubiera sido más joven, habría considerado hasta el suicidio; pero que ya no era el caso; que ahora aceptaría la posibilidad de que alguien quiera estar conmigo a pesar de que yo tenga alguna enfermedad. No creo haberlo convencido, pero por lo menos traté.

Luego de eso, por fin lo que queríamos: besos y caricias. Las caricias, con ropa obviamente. Y los besos: sequitos, sin lengua, solo superficiales.

Uff, son las 3:30 de la mañana y ya debo dormir porque debo madrugar para el trabajo. En otro post continuaré con la historia, aunque ya se imaginarán como termina.

Good night…o good morning, mejor dicho.