Se acabó todo.

Hoy es el cumpleaños de Christian. Aquí la conversación:

Yo (00:11 a.m.): ¡Feliz Cumpleaños, Christian!

Él (06:34 a.m.): Gracias

Así de simple y seco fue él. Me mató. Y por segunda vez. Más claro no puede ser. No volveré a molestarlo más.

Todo se fue a la mierda.

Me quiero morir.

De la cima… al fondo del abismo

Era demasiado hermoso para ser verdad. Anoche, nuestra sesión de “cariño” no pudo terminar porque a Christian le dolía. No pensé que era serio porque cuando salió del baño, igual sonreía y no tenía un semblante de dolor o enojo. Sin embargo, esta mañana le pregunté cómo estaba y me dijo literalmente:

“Sí estoy lastimado. Por lo que no se repetirá”.

Así, fría, formal y “enojadamente” como si estuviera escribiéndole un memo a un empleado torpe o a un proveedor que no dio un buen servicio. Le respondí que lo sentía, que no era mi intención. Luego le dije que me sentía horrible y le pregunté si había algo en lo que pudiera ayudar. Me replicó:

“La verdad nada…”

Me mató. Se me dañó el día, la semana, el mes, quizás todo el año. Y probablemente toda la vida. Solo atiné a pedirle disculpas una vez más, reiterarle que me avisara si había algo en lo que pudiera ayudar, y desearle un buen día junto a un emoticón de carita triste y con lagrimita.

Traté de explicarme a mí mismo que él suele ser frío y demasiado directo para escribir por teléfono. Pero nada explicaba lo de “por lo que no se repetirá”. Eso era una sentencia a muerte. ¿A qué se refería? ¿A que ya no lo haríamos siendo yo el top? ¿A que ya no lo haríamos con tanta fuerza? ¿A que simplemente ya no lo haríamos nunca más? No quise preguntarle porque sonaría a que me interesa más mi placer que su salud.

Yo quería llorar. Sentía que él estaba muy enojado conmigo y que no había nada que yo pudiera hacer para remediar la situación. Me aguanté las lágrimas para que mis compañeras de trabajo no me vieran mal. Una vez más, volví a contemplar en serio la soledad de por vida. Y contemplé pedir ayuda a Dios porque yo solo no podría aguantar este dolor. No puedo solo. Necesito alguien o algo que me dé fuerzas para seguir.

Estoy muy cansado para escribir más de esto. Y tampoco tengo ánimo para hablar de lo pendiente (viaje a Santo Domingo y mi anterior visita de Christian). Ojalá siga mañana. Pésimo día. Y en el trabajo la cosa será dura por casi un mes porque Viviana se fue de vacaciones.

Buenas noches. ='(