Christian vino anoche…

Y ya conocen la historia. Se repitieron los sucesos de nuestros dos últimos encuentros. Solo quiere sexo y luego se quiere ir. La única novedad es que me vio muy mareado. Qué vergüenza me dio. Lo rescatable es que fue por su propia voluntad e iniciativa. Yo no se lo pedí. Bueno, quizás cuenta como el abrazo que le pedí el 10 de agosto y no me dio.

Qué debilidad

Anoche me abrumó la soledad y fui débil una vez más. Terminé escribiéndole, pidiéndole un abrazo, pero él me devolvió a la realidad. 

Luego mi tía me recordó que soy un perdedor económicamente hablando. Claro, no fueron esas sus palabras, pero al final de cuentas eso significó.

Esos “eventos” (soledad y sentimiento de ser un fracasado) me mataron. Lloré mucho. Muchísimo. 

Ah, y otra vez se me dañaron mis audífonos. Yo sí que tengo suerte. 

Pésimo día.