Qué debilidad

Anoche me abrumó la soledad y fui débil una vez más. Terminé escribiéndole, pidiéndole un abrazo, pero él me devolvió a la realidad. 

Luego mi tía me recordó que soy un perdedor económicamente hablando. Claro, no fueron esas sus palabras, pero al final de cuentas eso significó.

Esos “eventos” (soledad y sentimiento de ser un fracasado) me mataron. Lloré mucho. Muchísimo. 

Ah, y otra vez se me dañaron mis audífonos. Yo sí que tengo suerte. 

Pésimo día.

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